Se dice que gobierno eficaz necesita oídos y orejas en todas las paredes, en las calles, en los mercados; las iglesias y los cafés los hospitales, las redacciones de los diarios, los sindicatos, las embajadas extranjeras, las ONG; en fin, en cualquier lugar donde se reúnen más de dos, debe haber un oído para informar al poder.
En términos generales, se entiende por seguridad la capacidad de dar respuesta efectiva a toda clase de riesgos, amenazas y vulnerabilidades, incluyendo la preparación necesaria para prevenirlos y enfrentarlos adecuadamente. De manera que la seguridad se identifica con el conjunto de acciones orientadas a lograr una situación de ausencia o disminución de riesgos y amenazas.
El algunos países de América Latina la concepción de inteligencia, leace conocimiento útil se ha visto superada por la historia y las formas, hoy se requieren elevar las capacidades técnicas de los Estados para preservar la seguridad nacional, se hace necesario contar con instituciones educativas que garanticen la formación de cuadros profesionales y especializados en las materias de inteligencia civil para la seguridad nacional y cualquier otra necesaria para mantener la integridad, estabilidad y permanencia de los mismos, ello significa la formación de cuadros profesionales altamente capacitados en las áreas de seguridad y gestión de emergencias.
Brindar una formación científica y técnica, de carácter interdisciplinario, en los distintos aspectos relacionados con el hecho criminal y con la seguridad entendida como fenómeno integral.
Formar en valores que incluye el análisis y evaluación de políticas públicas y la comprensión de la dimensión social de la seguridad.Apoyar a mejorar los niveles de seguridad objetiva y subjetiva, a través de la formación del personal directivo responsable de tan especial tarea.
El estado democrático se encuentra en un proceso de adecuación a las nuevas condiciones que le impone el entorno internacional y, por cierto, nacional. La comprensión del actual Estado democrático parte desde sus raíces en el siglo pasado y esta muy lejos de agotarse en el presente. A lo mas, vemos con no poco asombro, como adquiere y agrega nuevas modalidades y elementos que, junto con reflejar la realidad actual, busca una definición de identidad, capaz de compatibilizar las diferentes vertientes ideológicas que constituyen la herencia de décadas pasadas, la racionalidad del presente y las prospectiva del futuro.En relación a las características de los organismos de inteligencia latinoamericanos de hoy, cave señalar en primer lugar la tendencia casi unánime de la actividad de inteligencia latinoamericana hacia la acumulación de facultades en un mismo organismo de inteligencia civil, en materia de inteligencia interior, exterior y contra inteligencia, sin efectuar diferenciación alguna en materia de inteligencia entre el interior y el exterior del país, o entre ciudadanos y residentes permanentes, y extranjeros. Ello supone otra característica de los organismos de inteligencia de Latinoamérica cual es la amplitud e indeterminación de sus competencias, particularmente en el ámbito interno de sus países.
Frente a las circunstancias señaladas la amplitud en las competencias de los organismos participantes, inexistencia de distinciones entre la actividad de inteligencia realizada en el interior y exterior del propio país, vemos también que la legislación de determinados países latinoamericanos establece límites o exclusiones a la actividad de inteligencia.La palabra control, tanto como la palabra represión (en su acepción legitima), les producen urticaria a quienes quieren ejercer el poder con pudor.Obviamente el ejercicio del poder no es posible sin una adecuada información. Saber es poder, ejercicio practico de la ciencia política, el periodismo y la inteligencia, vale decir conocimiento útil.
Ya se lo decía el cardenal Mazarino a Luis XIV: “para combatir el mal hay que conocerlo a fondo”. Y eso no se hace sin una adecuada red de informantes, algunos de ellos necesariamente al filo de la legalidad (como se hace en Estados Unidos con los soplones protegidos) y otros infiltrados en todas las organizaciones posibles; legales e ilegítimas.
Un gobierno eficaz necesita oídos y orejas en todas las paredes, en las calles, en los mercados; las iglesias y los burdeles, los hospitales, las redacciones de los diarios, los sindicatos, las embajadas extranjeras, las ONG; en fin, en cualquier lugar donde se reúnen más de dos, debe haber un oído para informar al poder.
La seguridad democrática persigue salvaguardar aspectos básicos como la soberanía nacional e integridad territorial, la paz social y el estado de derecho, la estabilidad política, económica y social, así como la viabilidad y sustentabilidad de la nación y su calidad de vida.
Es aquí donde los gobiernos deben sopesar si Estado debe ser, en el sentido de Orwell, un “Big Brother” o un Estado periférico. Cuando eso se hace mal entonces se cae en el extremo del Estado tardío. Cómo creen posible controlar a las policías mediante exámenes de “control de confianza” cuando ya se les ha dado la plaza, situación que tiene a Centroamérica en la mas compleja de las crisis de confianza policial. O bien acompañar a la policía de los militares no con el fin de brindar las rondas sino para cuidar a la policía y sus obligaciones como el caso Hondureño o como sucede en Acapulco donde no es posible echar a la calle (otro error) a los malos policías porque no hay forma de pagarles una indemnización laboral.
Pero el poder es temeroso en algunas referencias al centro y norte de nuestra región, llamemosla de rió grande al sur. No ha terminado de asimilar la necesidad de la decencia acompasada con la inclemencia, es allí donde la acción eficiente y eficaz de inteligencia hacen falta, donde se requiere de un modelo de inteligencia profesional y civil brindado por gobiernos que entiendan ello como política de estado, Chile en esto ha dado pasos importantes.
Las transiciones a la democracia en América del Sur y los procesos post-autoritarios dejaron varios temas pendientes a modo de cabos sueltos de la nueva agenda pública en estado de derecho, particularmente en lo que respecta al sector de la seguridad nacional. Verdadero agujero negro constituyó la entonces elaboración de las políticas nacionales y normas legales para el sector inteligencia, actividad sumamente cuestionada y estigmatizada, y especialmente vinculada a los clásicos regímenes de seguridad nacional que imperaron en el continente durante la Guerra Fría, la contención al comunismo, la lucha contra-subversiva y toda una panoplia de proyectos políticos dictatoriales civiles y militares. El proceso de una afirmación de cultura de inteligencia útil y necesario después del septiembre 11 2001.
Las decisiones que se mueven entre desafíos crecientes y persistentes a la gobernabilidad, procesos de planeación que reclaman parámetros estratégicos confiables y las demandas de dirección efectiva de los asuntos públicos, tienen un característica en común: la necesidad de contar con información útil y oportuna que facilite la comprensión y evaluación de delicados procesos políticos, sociales y económicos, para apoyar la toma de decisiones.
Analizadas desde los gabinetes académicos hasta la extenuación, estas nuevas amenazas sin embargo están muy lejos de encontrar respuestas factibles desde las esferas políticas y militares: terrorismo, Estados fallidos, crimen organizado, inmigración ilegal, proliferación armamentística, etc.
El conjunto de América Latina padece unos extraordinarios niveles de inseguridad, en buena parte motivados por una delincuencia común que ha escalado niveles hasta conformar organizaciones transnacionales dedicadas al tráfico ilícito de todo tipo de bienes, comenzando por drogas y armas y alcanzando su más denigrante nivel en el tráfico de seres humanos. Las riquezas generadas por estos comercios ilícitos, e insertadas en el mercado financiero por los variados sistemas de blanqueo de dinero, tienen como consecuencia el incremento de la corrupción de las instituciones y el aumento de la ingobernabilidad estatal.
Este desafío creciente, pues a las múltiples causas que pueden propiciar la pérdida de gobernabilidad siempre se le suma finalmente la quiebra institucional. Contando con el paradigmático antecedente haitiano, varios países suramericanos han padecido en la última década episodios de una extrema gravedad gubernamental, con movimientos sociales capaces de derrocar sucesivos presidentes constitucionales (Argentina, Bolivia y Ecuador), golpes de Estado cívico-militares (Venezuela), actuación de organizaciones narcoterroristas (Colombia, Perú y México) y la emergencia de grandes organizaciones criminales (Brasil, Guatemala, Honduras y Salvador).
El valor de la información previa como medio imprescindible para alcanzar el éxito subraya en nuestros días la plena vigencia de los medios para obtenerla, analizarla y convertirla en conocimiento especializado para la toma de decisiones en el ámbito de la seguridad y la defensa.
No es aventurado asegurar que la inteligencia es actualmente, una vez definidos los riesgos, peligros y amenazas que acechan al mundo globalizado, el instrumento más eficaz de las políticas de prevención y anticipación. El conocido cambio en el paradigma tradicional de seguridad y defensa corre en paralelo a la necesaria reflexión que debe llevarse a cabo sobre el papel, función, estructuras organizativas y realidad objetiva que define a los servicios de inteligencia contemporáneos. Precisamente el conocimiento de esta realidad desde la necesaria reflexión científica y académica está en la base de la propuesta de creación de la Cátedra Servicios de Inteligencia y Sistemas Democráticos.
Es importante hacer referencia a la doble connotación del concepto: seguridad y ciudadanía. El primer elemento se refiere a la función del Estado de brindar protección a la población que lo constituye; y el segundo al carácter democrático de dicho conglomerado social, sustentado en los derechos y obligaciones de sus habitantes y en el servicio que el aparato estatal debe prestarles, siendo ésta su razón de ser.
Es entonces la Cultura de Inteligencia una herramienta eficaz que redunde en beneficio de un conocimiento maduro, natural no alejado de tópicos ciudadanos, como sucede en países con una probada madurez democrática por parte de todos los sectores de una sociedad, esta es nuestra palabra y recomendación, un foro reflexivo y estudio en torno a un ámbito de interés general, no circunscrito exclusivamente a las instituciones de defensa. Muy al contrario, el conocimiento de las estructuras, medios y recursos conducentes a garantizar la seguridad y la defensa de los intereses de una sociedad sometida a las incertidumbres de la globalización es tarea que nos compete a todos como miembros de esa sociedad.